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La tolerancia, entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces un valor de enorme importancia.
Estimular en este sentido la tolerancia puede contribuir a resolver muchos conflictos y a erradicar muchas violencias. Y como unos y otras son noticia frecuente en los más diversos ámbitos de la vida social, cabe pensar que la tolerancia es un valor que –necesaria y urgentemente– hay que promover.
Sin embargo, promover una acertada aplicación de la tolerancia es algo extremadamente difícil y complejo, que conviene analizar con calma, sin trivializarlo, para no caer en simplistas reduccionismos.
En primer lugar, la tolerancia tiene su justa medida. A nadie se le ocurre que haya que tolerar el robo, la violación o el asesinato. Ni nadie cree de verdad que imponer la ley o un sistema de autoridad haya de considerarse como una grosera manifestación de intolerancia. Si nos dejáramos llevar por esos errores, terminaríamos bajo la ley del más fuerte. Sería imposible establecer un sistema de Derecho o cualquier tipo de ordenamiento jurídico. Sería como la ley de la selva. No habría forma de vivir pacíficamente en sociedad.
Promover la tolerancia no es tolerarlo todo, porque es evidente que no se puede permitir todo.
Por eso, ni siquiera el anarquismo más radical ha considerado la tolerancia como algo ilimitado, puesto que solo con imaginar un colectivo humano en el que todo debiese ser tolerado, es fácil comprender que sería un caos completo y absoluto.
La tolerancia ha de tener unos límites. Una interpretación superficial de la tolerancia la llevaría a su ruina: al escepticismo del todo vale.
Como señalaba Federico Mayor Zaragoza,
La tolerancia no es una actitud de simple neutralidad, o de indiferencia, sino una posición resuelta que cobra sentido cuando se opone a su límite, que es lo intolerable.
A la hora de hablar de tolerancia, lo difícil, y lo importante, es profundizar en su sentido más específico: la tolerancia del mal.
Podría decirse que la palabra tolerancia se aplica con toda propiedad cuando se refiere a la tolerancia del mal. No suele decirse en el lenguaje corriente, por ejemplo, que uno tolere que le haya tocado la lotería, haya aprobado unas oposiciones, juegue muy bien al baloncesto, o tenga muy buena memoria; no se habla de que lo tolere, sino más bien de que tiene la suerte, o el mérito, de contar con eso, que para él son bienes.
Es más, en sentido estricto no debería hablarse de tolerancia como respeto a la legítima diversidad, puesto que la legítima diversidad debe ser respetada y no simplemente tolerada, aunque pueda costarnos mucho aceptarla. Ser alto o bajo, rubio o moreno, pertenecer a una u otra raza o clase social, ser seguidor (apasionado si se quiere, pero pacífico) de tal o cual equipo de fútbol, etc., no parecen, en principio, diversidades que deban ser toleradas, sino simplemente respetadas.
El problema surge, como decíamos, cuando esa diversidad deja de ser legítima, o entra en colisión con el bien común, o con los derechos de los demás, y comenzamos a adentrarnos en el proceloso mar de la tolerancia del mal. Podrían ponerse muchos ejemplos de esas colisiones:
¿Debe tolerarse la esclavitud? ¿Y si hay personas que apelan a su libertad para tener esclavos, e incluso también personas dispuestas a aceptar ser esclavos?
¿Debe tolerarse la tortura? ¿Qué debe decirse a quien alegue su –supuesta– eficacia para la policía? ¿Y a quien sostenga que en sus convicciones personales se trata de un método perfectamente legítimo en su guerra sin cuartel contra la delincuencia?
¿Deben las leyes tolerar la poligamia? ¿Y si hay personas –marido y mujeres– que apelan a su libertad para que se les permita formar ese género de unión? ¿Qué se puede argumentar, por ejemplo, a quien considere la prohibición de la poligamia como un atentado contra las profundas raíces culturales y religiosas de un pueblo?
¿Debe permitirse –como sucede en algunos lugares– que unos padres practiquen determinadas mutilaciones sexuales a algunos de sus hijos, siguiendo antiguos ritos ancestrales? ¿Qué razones se pueden dar para prohibirlo, si argumentan que se trata de una costumbre milenaria, aceptada pacíficamente por toda la tribu?
¿Y si unos padres se niegan a que su hijo, menor de edad, reciba una transfusión de sangre, y muere por ello? ¿Cómo es conciliable la libertad religiosa con el hecho de que un juez salve la vida del niño autorizando dicha transfusión, en contra de las creencias de sus padres?
¿Debe tolerarse la producción y el tráfico de drogas? ¿Por qué no respetar la libertad de esas personas para cultivar lo que quieran y luego venderlo, acogiéndose a las reglas del libre mercado? ¿Y con el tráfico de armas? ¿Y con los productos radioactivos?
¿Debe tolerarse la mentira? ¿En qué ocasiones o circunstancias?
Son ejemplos muy diversos, que expresan un poco de la complejidad del problema de la tolerancia, y nos previenen contra una interpretación simplista de las cosas.
El Diccionario de la Real Academia señala dos acepciones de la palabra tolerancia que engloban quizá lo que acabamos de decir. Una es el respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras;
Y la otra –que recoge quizá su sentido más específico– señala que tolerar es permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente; o sea, no impedir –pudiendo hacerlo–que otro u otros realicen determinado mal.
En ambos casos, el quid de la cuestión está en determinar el límite de lo no tolerable: la legítima diversidad siempre debe tolerarse (respetarse), pero la ilegítima puede tolerarse o no, según los casos.
La joya se llama Be Tolerant y representa la pieza que le falta al mundo para ser más tolerantes, de ahí la lambda en el interior; en la antigua Grecia significaba libertad.
El modelo que está junto a Beth es Omar.


Buen e interesante artículos.
¡Enhorabuena!
Salu2.
Gracias bluesea
Un besito
Cata
Si, Cata, admito que"tolerar" lo que consideras "malo" es difícil. A lo más que llego es a ponerme en el sitio del otro. Y aún así ....
Hola Poinmasia,
Tema complejo donde los haya. Pués para mi es un dilema a veces ponerme en el sitio del otro, cuando mas injusticias veo mas intolerante me vuelvo.
Creo que en ese texto falta hablar del sentido de la justicia.... ser tolerante por sistema para mi es intolerable. Cuantos berrinches me hubiera ahorrado yo siendo tolerante a secas, el tener un agudo sentido de la justicia entendida como pauta de conducta para mi es esencial y el quedarme mirando pasivamente una situación intolerable un acto de cobardia en que muchas veces solemos caer.
Quizá no me se expresar debidamente, no quisiera que me tacharas de radical, siempre que puedo evito serlo ya que las situaciones extremas entrañan problemas que a veces hacen bueno el dicho de... fue peor el remedio que la enfermedad.
Un dificil tema, pero quise reflejarlo en un post por lo importante que es hoy en dia el ser tolerante y todos deberiamos meditar acerca del tema.
Un besazo guapa
Cata
Tienes razón cata......todos deberiamos meditarlo.
besitos
Cata
El temita tiene muca tela, presumimos de tolerantes pero realmente
lo mejor es ponerse en la piel del "otr@"
que frase tan sencilla tolerancia...y que dicifil serlo
buenas noches preciosa
besote......jodido casi lo pillo que gracia me hace ja ja
Kiamara, ya ves guapa, este temita es para coger un colocón...
Un besito
Cata
PD. Vaya una lucha lleva con el pobre abejito, tendré que poner remedio eh?
En principio y de modo muy elemental se puede ser tolerante con aquello que no atente, menoscabe, conculque cualquiera de los Derechos Humanos (la vida, la libertad, la integridad...) y ahí entraría el sentido de la justicia.
No creo que se deba ser tolerante porque sí en determinadas cuestiones, pero bajando al terreno de lo cotidiano la cosa se complica ; de todos modos, creo que hay mínimos y que la gente va cada vez más crispada reclamando tolerancia para sus propios comportamientos o actitudes y no aplicando el mismo rasero cuando se trata de los demás.
Buen tema para reflexionar, Cata.
Un beso.
Me parece increible que intentemos ser tan sumamente aplicados, tan estudiosos, tan todo perfecto y sin embargo se estén descuidando aspectos tan sumamente importantes como la Toleracia, el Respeto, ambos valores que deberían de promoverse desde todas las instituciones, colegios y guarderías para empezar, al igual que todos los padres y madres, abuelos y demás familiares que eduquen a sus hijos/as.
La educación en esos valores es la clave.
Besitos
pd, me encantó pensar en ello.
Haru...
Por ahi iba yo, creo que me has entendido perfectamente.
Un besito
Cata
Gwenda,
Cierto y a veces cuando veo reacciones de maestros estoy completamente de acuerdo en que los padres declinan en ellos toda la responsabilidad de inculcarles estos valores.
Nos hemos cruzado, je je venia de tu casita.
Un besito reina
Hola Cata
Buen post, es dificil el tema. Coincido con Gwenda en la importancia de educar en el repeto y la tolerancia, si caer en el todo vale, porque eso no es tolerancia, es estupidez y como tu dices, fijar los limites es complicado.
Un beso
hola catalaneta!
me invistate a un café, o bollitos, o té, y aquí ando ;)
He llegado justo en un tema difícil, apasionante que da para muchos comentarios, artículos, libros..bibliotecas enteras!!!
A nivel muy casero te diré, que lo veo constantemente en las comidas que comparto con mi familia, lo de la tolerancia.
Mi padre opina que Valencia está preciosa con los museos de las Arts y las ciencias, yo pienso que es demasiado pretencioso, y que se podía haber mirado más para el ciudadano con otras necesidades.
Mi padre no se baja del burro, yo me empiezo a calentar...No nos ponemos de acuerdo, ni él es capaz de asomar la cabeza a mis ideas, ni yo quiero admitir que tal vez Valencia esté más bonita...aunque más arruinada (jjjejejeje no me voy a bajar del burro, en eso la verdad).
El caso es que mi padre tal vez vea las carencias de las que hablo, pero no las va a tolerar por cabezonería, ni darme la razón.aisss
(este es un tema que sale SIEMPRE a la hora de comer, y mi madre ya está de nosotros hasta el moño...la pobre).
este es solo un ejemplo...ufff
Linda Cata:
Buenas reflexiones, la verdad. La tolerancia y sus límites, pero en el fondo es como establecer límites o puertas al campo, cada uno tiene su propio baremo. ¿Y quién establece el baremo correcto? La verdad es que es difícil el tema. Habría que empezar por aplicar el sentido común, el respeto a los demás y a partir de ahí, empezar a funcionar.
En fin, que hay que vivir y dejar vivir, en resumidas cuentas.
Un besote.
Carlos.
ja ja, ché collóns caracoles de canela !!!
Gracias por traer la nota de humor a mi post, y chíca!!... tienes mas razón que un santo, la de veces que a mi me ha pasado igual que a ti, y al final mi padre se queda tan tranquilo cuando ya se me ha han atravesado a mi las lentejas... y que no aprendemos eh? pero es que en mi casa encima somos todos capricornio, ya sabes el signo tozudo donde los haya.
Un besito y bienvenida
Cata
Hola Carlos... ya ves,
Este es un tema pelín peliagudo.
Muchas gracias por tus reflexiones. Este post se ha llenado de buenos amigos comentando y de buenos deseos. No esperaba menos y me congratulo de ver como coincidimos que es lo esencial.
Un besito
Cata
Adelia guapa,
Pués si, es vital que en los colegios y sobre todo en casa los padres inculquen valores morales a los mas pequeños.
Un besito
Yo creo que hay que respetar a la gente, y tolerar, por supuesto, pero con sus límites, no todo es tolerable. Hay que saber donde está el límite, aunque para cada cultura estará en un sitio...
Besitos
Un artículo de lo más trabajado que reeleré con más calma.
Enhorabuena.
Un beso.
muy muy muy interesante, cata...me ha llamado muchisimo la atencion, ya que nada mas leer el titulo me acorde de raices, el libro que habla de la esclavitud y la herencia de kunta kinte, y cuando lo leia, solo pensaba en como la sociedad permitia y vivia a favor de algo tan terrible, robando a la gente y haciendola esclava, cuando cada uno es dueño de si mismo y ya esta...y luego lees los problemas de muchos negros tras ser liberados para alimentarse y te lo planteas...no la esclavitud, si no la situacion. Y seguro que en un futuro (eso espero) vean lo que nosotros hacemos en cuestion de respeto y tolerancia y tambien les parezcamos extraños como a mi me lo parecian los americanos de la epoca.